EDITORIALES DE GIORGIO BONGIOVANNI


El aumento de las firmas requeridas para los nuevos partidos es una clara maniobra política

Hoy, el Senado aprobó otra aberración. Como parte de la reforma de la ley electoral, la enmienda (firmada inicialmente por la senadora de Fratelli d'Italia Antonella Zedda y posteriormente reformulada) fue aprobada con 87 votos a favor. Esta enmienda afecta el umbral del 3% (los votos de cualquier lista de partido pueden contar para la bonificación por mayoría), pero sobre todo, al número de votos necesarios para que los nuevos partidos políticos, aún sin representación parlamentaria, puedan presentarse a las elecciones.

Una enmienda inconstitucional, antidemocrática y, en nuestra opinión, contra personam que fue presentada tras el rotundo fracaso del referéndum sobre la reforma judicial, que demostró que un amplio sector de la población italiana (especialmente jóvenes y no votantes) tiene ideas claras para el país.

Pero procedamos con orden.

En términos técnicos, la nueva norma estipula que los partidos no representados en el Parlamento ya no requieren por lo menos 1.500 firmas por colegio, sino 7.000. Esto supone un total de 450 mil firmas.

Estas cifras vienen acompañadas de una restricción en el número de circunscripciones en las que una fuerza política debe presentar sus propias listas: desde al menos un tercio hasta al menos la mitad de las circunscripciones (25 para la Cámara de Diputados y 13 para el Senado). Todo esto sin firmas digitales, que también quedan excluidas por la mayoría del Senado, que rechazó una enmienda de la oposición.
Partidos como +Europa o Futuro Nazionale del general Vannacci, que cuentan con un miembro en al menos una de las dos cámaras del Parlamento, siguen obligados a obtener entre 1.500 y 2.000 firmas.

La exención también se aplica a los partidos que cuenten con al menos un grupo parlamentario formado antes del 31 de diciembre de 2025 (como Italia Viva o Azione).
La pregunta surge en forma espontánea: ¿a quién pretendía contrarrestar esta norma? Algunos han citado el Proyecto Cívico del concejal romano Alessandro Onorato (que restaría votos a Forza Italia), y otros al Partido de la Refundación Comunista.

 En nuestra opinión, esta ley atenta contra las nuevas formaciones políticas y, en particular, contra el posible regreso a la arena política de Alessandro Di Battista, a quien le deseamos una pronta recuperación y un pronto regreso a Italia tras su operación en Cuba.

En los últimos meses, Di Battista había declarado en una transmisión en vivo con Andrea Scanzi que sentía "un sentido de responsabilidad hacia los muchos que ya no votan y hacia los 4.000 miembros de Schierarsi", y también había afirmado estar convencido de que "un proyecto disidente podría mejorar tanto a la oposición como a la mayoría".

Un proyecto que, como es bien sabido (basta con ver todos los discursos públicos de Di Battista), abordaría claramente temas cada vez más importantes para la opinión pública y los que no votan.
Estamos seguros de que el programa abordaría la lucha contra la mafia y la corrupción; la importancia de buscar la verdad, los hechos y las irregularidades de nuestra República, comenzando por las masacres patrocinadas por el Estado; una nueva visión de la política exterior para poner fin a las guerras y al constante aumento del gasto militar, y una postura firme contra Israel y el genocidio perpetrado en Gaza; intervenciones en salud y educación, y mucho más.

Un programa político que los ciudadanos llevan años esperando.

Cualquier fuerza política capaz de presentar figuras nuevas y válidas, procedentes de diversos sectores y profesiones, se convierte en una amenaza que quienes ostentan el poder no pueden aceptar.
Por ello, se implementan medidas preventivas.
Algo similar a lo que ocurrió con Cosa Nostra, que, por injerencia externa, asesinó al general Carlo Alberto dalla Chiesa el 3 de septiembre de 1982. Este había sido nombrado prefecto de Palermo, pero aún carecía de los "poderes especiales" que había solicitado para derrotar a la mafia.

Cosa Nostra recurrió a la violencia.

Así pues, este gobierno, al que hemos calificado repetidamente de amigo de asesinos en masa y mafiosos, quiso intervenir de forma preventiva para, en la práctica, imposibilitar la carrera hacia las elecciones cada vez más inminentes e impedir que alguien como Alessandro Di Battista, con una alta popularidad y brillantes ideas capaces de transformar el país, fuera elegido por los italianos.

*Foto de portada: © Imagoeconomica

*Foto 2: Alessandro Di Battista © Paolo Bassani