LUCHAS SOCIALES

Por Agustín Saiz-2 de marzo de 2022

La tragedia se repite.

Como durante el ascenso del Hitler o el régimen de Franco en España, esta vez con el agravante de toda la comunidad europea fustigando el conflicto, el germen de un nuevo holocausto extiende su brazo de muerte, al resto del mundo.

Cuando nos preguntamos porque fue posible la shoah durante la segunda guerra, miremos la naturalidad con la que los parlamentarios de todo mundo, hoy, parcializando irresponsablemente el relato, montan una escena con la bandera ucraniana en su despacho para generar el efecto contrario a la paz que proclaman. Esto nos ahorraría en el día del mañana, las explicaciones de los cientos o miles de libros que hablarán (si es posible, a lo que quede) sobre el día después.

En este pequeño ejercicio reflexivo, no estamos dejando de condenar la agresión rusa y poniendo en el olvido a las víctimas. Pero en este caso, no deseo rebajar la conversación a las exigencias del relato convencional que se repite, seguramente con la misma facilidad que se instalaron en otros tiempos, los regímenes autoritarios que nos llevaron a las mayores catástrofes humanas de la historia.

Asumimos que los lectores, si llegaron hasta acá, es porque lo hicieron sorteando la maquinaria ideológica, encubierta delante a todos (como el árbol que no deja ver el bosque), del sólido bloque de bajadas editoriales que todos los medios repiten sin capacidad de articular un pensamiento crítico.

Estamos señalando la perversión de quienes instrumentan el dolor de las víctimas y más aún cuando siniestramente son ellos, quienes operan como promotores de esta tragedia. Porque al mundo de la civilización occidental y cristiana, de todo el arco posible de ideas creativas para evitar llegar a este punto, no se lo ocurrió otra cosa más que obedecer al relato de la construcción de un nuevo enemigo, para favorecer y fomentar el nuevo escenario de guerra global y permanente, que a partir de ahora sufriremos.

Europa no es nazi, porque un grupo de fanáticos rusófobos, que reivindican a personajes de moral impresentable, tomaron el poder político y militar financiados por los señores de la guerra, entrenados por ejércitos de mercenarios y alentados finalmente por la OTAN para formar parte de ella.

Europa es nazi porque en su conjunto avala y se subordina al relato que justifica la masacre que está por venir.

Nosotros que padecimos y padecemos las consecuencias y continuidades de las sangrientas dictaduras en Latinoamérica, sabemos bien que la omisión y la neutralidad jugaron siempre un papel fundamental a favor, en todos los genocidios.

Por lo tanto, no podemos quedarnos callados.

Es deber de todos anticiparnos, comprender lo que puede suceder y actuar ahora sin medir la posibilidad real o no de revertirlo. Lo importante es no perder nuestra integridad moral y la responsabilidad histórica, que como comunicadores nos corresponde.

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*Foto de portada: El País de Madrid / AP